Febrero - Maria von Touceda

Una filosofía sin salida
Hay dos cosas que me quedaron muy claras en mi primera clase de judo en el instituto. La primera es que el roble es un árbol fuerte y robusto, pero que cuando llega el invierno y la nieve se cierne sobre él, sus ramas se parten por el exceso de peso. El sauce, por el contrario, es delicado y flexible, así que cuando nieva sus ramas ceden y la nieve no las rompe.
La segunda cosa que aprendí, fue que aquel profesor de educación física, sólo quería retozar en el suelo con las chicas más desarrolladas de clase. Ese es el único suspenso del que me siento orgullosa. Por aquel entonces con catorce años, le dije a un hombre de cincuenta que se creía dueño de mis actos, que a mí no me volvía a tocar así. Él me contestó que con esa filosofía, mejor que no volviese por clase. Y así lo hice, con el mejor de los resultados. Un pequeño punto negro, un lunar con ínfulas de cancerígeno, que grabado a fuego en mi expediente, indica que la libertad siempre deja bajas tras de sí. Que siempre se pierde algo si quieres ganar en lo que verdaderamente importa. Que mi cuerpo es mío y que la dueña de mi ser soy únicamente yo.
Años después me enteré de que, mi fallido mentor, tenía miles de denuncias por propasarse y espiar en las duchas. “No os preocupéis, soy médico, os toco como un médico”, era su puta frase preferida.
Y esa gente también vota.
Pensamientos erráticos tenemos todos, pero las únicas filosofías sin salida son aquellas en las que no tiene cabida la duda. Esas en las que se construyen altos muros de piedras ciclópeas, los cuales, tal vez, no dejen pasar a alguien que nos haga reflexionar sobre el porqué de esos muros.
Ponerse trabas a uno mismo, limitarse porque lo marca una moda, aferrarse a un patrón para no tener que esculpir una personalidad propia, fundirse con una masa amorfa, pretender que la máquina no obedezca órdenes, dejar que otros opinen por ti, negarse a leer, negarse a escuchar, negarse a dudar, amordazar al criterio, rezar y no luchar, son algunas de las razones que dejan a la filosofía sin salida.
El pensamiento es un arco de triunfo que da paso a un paisaje sublime donde la luz lo inunda todo, la voluntad son sus dovelas de medidas perfectas y la duda la clave que todo lo sustenta.
Fotografía de Andrés Atiqueteimporta