Noviembre - María von Touceda

Santiago de Compostela, 24 de Noviembre del 2013.

Querido Morgan:

Este mes me ha resultado imposible realizar el cocktailpartyeffect por una razón más que obvia, mi genialidad me lo impide. No puedo hablar de la mediocridad porque no tengo término medio.

Recuerdo un día en el que re-desayunamos juntos por algo más de veinte euros en un bar muy pijo de Santander, con techos altos y camareras estiradas. Fue un exceso, lo pagaste tú pero yo pequé de igual modo. No son tiempos de bonanza. De todas formas, ¿qué es la vida sin excesos? ¿Para qué queremos el puto dinero? Para vicios y para darle con el mechero. Para tomar huevos revueltos y cafés expresos. Para no vestir de gris, ni calzarse sólo para el cemento. Para no tener un dios, ni una bandera, ni un monumento.

Las masas no crean, las masas obedecen y este reducto de artistas (modernos), es como una almohada con la funda recién lavada para mí.
Aquí nos dejamos caer sin pretensión alguna, como los románticos al borde de un abismo. Un abismo con doble cara que mira sin pestañear al que tiene enfrente.

No sé lo que es la mediocridad, pero lo puedo intuir por lo que veo en los museos. ¡Quemémoslos! ¡Quememos las bibliotecas! ¡Quememos los bares y las discotecas!

Hagamos de la vida un cielo para los que adoran el infierno, porque el infierno está aquí con sus vidas mediocres, su justo medio y su recto obrar.

No quiero enviudar.

A los ateos también nos gusta confesar.

Y yo me niego a firmar por esta vida frugal, como me niego a llevar bragas en domingo, como me niego a tragar en asuntos de dominio.
Así que no he podido escribir ningún relato, pero me he emborrachado, he releído a los grandes y he pensado en la cuestión en sí. He deseado que nadie hiciese nada y que implosionásemos todos con sólo leer el título de este puto mes.

La mediocridad es también servilismo y a mí no me manda nadie más que mi abuela. De ella me viene el ingenio y el valor, que para eso parió cinco hijas agarrada a la cabecera de la cama. Porque nuestra sangre es la sangre de los valientes. Y mi palabra una espada y mi vida un accidente.

Y en esta jodida existencia, no haces nada si obedeces a un tonto o si no crees en tu propio discurso.

Y el sarcasmo es la llave de la libertad en este mundo de arrodillados y de gente con más de dos pares de zapatos.

Espero que no te parezca mal mi negativa y que cuentes conmigo de aquí en adelante, como siempre. Prometo no defraudarte. Prometo que no le gustará a todo el mundo.

Un abrazo.

Atentamente,

María von Touceda

P.D.: Te debo un buen desayuno.

Fotografía: Andrés Atiqueteimporta