Octubre - María von Touceda

El cabrón del Murphy
Cuando espero con ansia una cita contigo intento arreglarlo todo un poco. Cuando digo “todo”, me refiero a mí y a mi contexto. Parece que lo hago por ti pero no es cierto. Es algo que necesito hacer yo. Empiezo por ordenar un poco mi casa, pero poco, sólo un poco. Me empeño en que no parezca el zulo que realmente es. Recojo la ropa del suelo, saco las migas de tabaco del escritorio, paso un paño, barro y friego. Cambio las sábanas e incluso y fuera de todo pronóstico hago la cama. No quiero que entres en mi habitación y me llames “desastre”, aunque en verdad lo sea, cosa que sabemos sólo tú y yo. También me arreglo, me hidrato la piel, me lavo los dientes durante mucho más tiempo del normal, me cepillo el pelo, me decoloro el bigote y me depilo. Mientras que pausadamente voy perfilando todo este tipo de rutinas me voy poniendo cada vez más nerviosa. Durante esos días también ordeno todos mis sentimientos. Eso es lo que más tiempo me lleva. Sé que estás a punto de venir y me miro al espejo para ver que encontrarás. Todo está casi perfecto, pero no. Tenía que aparecer el cabrón del Murphy y bajar por mi pierna en forma de chorretón de sangre. Mierda, vienes tú y me viene la regla. Serán los nervios. Hubiese preferido comerme la tostada chafada contra el suelo.

FOTOGRAFÍA: Marta Flors Colomer