Agosto - María von Touceda
A pesar de ser humano
No sé lo que me pasa. Hay algo de ti que me arrastra al abismo, porque eso es lo que eres tú, el puto abismo. Eres droga y medicación. Eres SIDA y un castigo. Eres lo peor. ¿Qué se me perdería a mí entre tus piernas? Me tratas mal pero me follas bien. Sí, con lo loco que te pones con mis bragas de puntilla fucsia. Para eso me las pongo, que lo sepas. Por si te veo por los bares. Porque eres un borracho y un drogadicto. No sé si te quiero o me das pena. No, no te quiero, sólo quiero que duermas conmigo. Y que por la mañana limpies la coca de mi mesilla. Y que tires los condones. Y que laves el dildo. El café ya lo hago yo. ¡Ah, qué tú no tomas! Es verdad, no es sano. ¡Maldito, qué me pones la piel de gallina y ni me hablas! Me haces ese gesto con la cabeza. Y yo sé que me vas a follar. Y tiemblo. No eres ni cariñoso ni amable. Pero un día te vi mirándome mientras me creías dormida. Me acariciabas el pelo. No me moví para que siguieras. Y eso fue el cénit de lo nuestro. Maldito, tu enfermedad me da miedo y me da morbo. El abismo corre por tus venas. El abismo es lo que te pone la polla dura. No es fácil que mueras y eso es difícil de entender. Con todo lo que te metes y pareces más sano que yo. Pero estás podrido y eso me encanta. Me enamoro de lo oscuro y abyecto de tu ser. Y me desenamoro por las mañanas. Te vas rápido, porque no estás drogado y no sabes de qué hablar. Y yo te odio. Te odio hasta que te vuelvo a ver. Y para más inri tienes novia. Ella sí que me da pena, tan entregada como engañada. Maldito, a pesar de ser humano eres un monstruo. ¿Qué te han hecho? ¿Quién ha sido? Nosotras no somos culpables y lo pagamos todo. Menos tu puta droga, que te la pagas tú y toda la disfrutas. Esas rayas sobre mi vientre me hacen pensar que no soy más que un mueble. Un mueble bonito que luego te puedes follar. Te odio, te odio hasta que te vuelvo a ver. No quiero verte más, pero llámame, quiero llamarte “cabrón” y colgarte.

Fotografía: Andrés Atiqueteimporta